29 de abril de 2009

¿Diga?


Ayer fue muy cómico. Vemos a Marina que coge el teléfono (aunque estaba de espaldas a nosotros) y dice: "¿Diga?" y claro, al segundo le salió la locución diciéndote si tienes mensajes y tal y cual. Ella estaba escuchando como si le contaran algo y de vez en cuando contestaba y seguía escuchando muy atenta a la señora. Hasta que al medio minuto o así se cansó de su "conversación telefónica" y le colgó. Qué bueno... ya os seguiré contando.

Llaves del coche.


Marina cada día hace cosas nuevas, algunas, como "guardar" objetos nos puede traer algún disgusto. Por ejemplo te puede poner un libro en un armario o el exprimidor en la basura.
Lo "bueno" (al final me tuve que reir) fue un día en que no aparecían las llaves de mi coche. Tenía que salir de paseo con Marina. Y su cochecito lo guardamos en mi maletero, para no tener que subirlo el montonazo de escaleras (no hay ascensor en el bloque). Pero como no aparecían en ningún sitio de los que ya sospechábamos que ella había metido, cogimos la copia de llaves (bendito el día en el que las puse en un sitio a mano) y se fue con el papi. Yo me quedé en casa y estuve como media hora más buscando hasta que me dije que ya saldrían cuando menos lo esperase.
Y así fue. Por la noche, le puse el pijama y me disponía a darle de cenar. Entonces ella se acerca a su correpasillos, que es un coche, y tal como ya estáis pensando... lo cogió, lo puso del revés, (cosa que hace a menudo, como si quisiera echarle un ojo al chasis, ja ja ja...) y en estas que caen las llaves.
Me dio un ataque de risa, porque creo que ella relacionó las llaves del coche de la mama, con su coche. ¡Le hacía falta un juego de llaves! De hecho, ni siguiera se molestó en reaccionar a mi asombro, para ella no era nada raro que estuviesen MIS llaves en SU coche.

15 de marzo de 2009

Un torbellino... encantador.


Puf, cuanto tiempo sin escribir, si es que pasa volando que no me doy ni cuenta. Entre el trabajo, la casa y que estoy estudiando italiano, poco tiempo me queda. Pero bien, no quiero parecer la típica mujer que se queja, ja ja ja.


Marina está cada día más activa y con mucha curiosidad por mirarlo todo, abrir puertas de armarios, vaciar cajones, salir a la terraza (no me gusta porque es un piso alto)... vamos, que no podemos quitarle el ojo de encima. La dejamos que investigue y se desarrolle con autonomía, pero hay que ir supervisando que no se pille un dedo y cosas por el estilo.


Le encanta la música y a menudo tenemos que cantarle, hasta nos pide que sigamos si paramos. Y cuando en la tele hacen Doraemon, no se quiere perder la canción del inicio del episodio. Se pone a bailar y a batir palmas. ¡Está graciosísima!


En carnaval fuimos un domingo por la manaña a un pueblo muy cercano, ya que sabíamos que había música para los niños y fue de las que más bailaba de su edad. Eso sí, ella por libre. No quería bailar en corro ni nada, ella quería ir al centro de un corro gigante que se formó, y como no la dejé entrar se enfadó. Pero imaginaros que hubiese tenido que ir a buscarla por lo que fuera, entre tanta gente, qué verguenza.


Y en la guarderia, estupendo. De momento sigue yendo sólo por las mañanas, porque nos podemos combinar, más o menos. Y hay días que cuando la recogemos (o el padre o la abuela) no quiere irse porque está disfrutando, sobre todo si hay canciones.

Además, creemos que empezará a charlar pronto, porque ya da unos discursos... je je je.