15 de marzo de 2009

Un torbellino... encantador.


Puf, cuanto tiempo sin escribir, si es que pasa volando que no me doy ni cuenta. Entre el trabajo, la casa y que estoy estudiando italiano, poco tiempo me queda. Pero bien, no quiero parecer la típica mujer que se queja, ja ja ja.


Marina está cada día más activa y con mucha curiosidad por mirarlo todo, abrir puertas de armarios, vaciar cajones, salir a la terraza (no me gusta porque es un piso alto)... vamos, que no podemos quitarle el ojo de encima. La dejamos que investigue y se desarrolle con autonomía, pero hay que ir supervisando que no se pille un dedo y cosas por el estilo.


Le encanta la música y a menudo tenemos que cantarle, hasta nos pide que sigamos si paramos. Y cuando en la tele hacen Doraemon, no se quiere perder la canción del inicio del episodio. Se pone a bailar y a batir palmas. ¡Está graciosísima!


En carnaval fuimos un domingo por la manaña a un pueblo muy cercano, ya que sabíamos que había música para los niños y fue de las que más bailaba de su edad. Eso sí, ella por libre. No quería bailar en corro ni nada, ella quería ir al centro de un corro gigante que se formó, y como no la dejé entrar se enfadó. Pero imaginaros que hubiese tenido que ir a buscarla por lo que fuera, entre tanta gente, qué verguenza.


Y en la guarderia, estupendo. De momento sigue yendo sólo por las mañanas, porque nos podemos combinar, más o menos. Y hay días que cuando la recogemos (o el padre o la abuela) no quiere irse porque está disfrutando, sobre todo si hay canciones.

Además, creemos que empezará a charlar pronto, porque ya da unos discursos... je je je.